Aunque este post no tenga que ver nada con matemáticas, me gustaría comentaros la cena de anoche.
Todos estábamos ansiosos por ir a una pizzería italiana que nos había comentado César. Yo me acordaba de haber comido allí alguna vez pero hacía ya mucho tiempo. Después de reunirnos todos en el punto de encuentro (Tutatis), nos fuimos directamente a cenar.Estábamos un poco extrañados porque no había mucha gente por la calle, pero todo cambió cuando entramos en el restaurante.
Sin más dilaciones, me dirigí a hablar con el responsable de comedor.Le comenté que éramos 8 personas.Él me respondió que si no habíamos reservado mesa no íbamos a tener ninguna posibilidad de cenar allí.Rápidamente miré a César y éste me explicó que no había llamado para reservar porque le dio mucha pereza el tener que llamar.
Después de muchos quebraderos de cabeza decidimos ir al restaurante chino “La Gran Muralla”.Al principio no estaba muy convencida de la alternativa de comida, pero viendo la cantidad de gente que había y la buena pinta que tenían los platos, me alivié.Parecerá una bobada, pero cuando veo a un chino pienso en la típica leyenda urbana de que nunca he visto a chinos en un tanatorio.
Estudiamos la carta muy detenidamente.Al rato, vino el camarero para tomarnos nota.Fuimos pidiendo uno a uno, hasta que de pronto llegó a César que le pidió una sopa de aleta de tiburón.En ese momento yo no supe si reirme o llorar, porque es el típico plato que no pediría por temor al aspecto de la sopa.
Cuando le trajeron la sopa, la miró atentamente un buen rato.Ojeó cada milímetro de fideo chino y la apartó de su lado.Nos dijo que no la iba a probar porque sólo de verlo le daban ganas de vomitar.Imaginos lo que pasó a partir de eso.Estuvimos toda la comida tomándole el pelo y algunos hasta la probaron.Nos comentaron que no tenía mal sabor;es más, parecía sopa de champiñón en vez de aleta de tiburón.
Después de esta gran experiencia os aconsejo de que convezcais a alguno con los que vais a cenar para que pida SOPA DE ALETA DE TIBURÓN, no solo por probarla sino por ver la cara del que la pide.
