Después de pasar la tarde de ayer con niñas de 8 a 15 años, me di cuenta de lo importante que era para algunas el ir vestidas bien. Llevaban el uniforme de coro que es discreto, y por ello lo aborrecían.
Estaba leyendo el periódico, cuando de pronto me encontré con esta noticia:
Suena lejano el tiempo en el que las monjas ordenaban a las alumnas ponerse de rodillas para comprobar la largura de las faldas y eso que la mini sigue arrasando y las adolescentes se las ingenian para terminar enseñando más pierna. Viven el uniforme como un incordio que resulta cómodo a los padres.
El diario EL PAÍS ha propuesto a las marcas Baruc Corazón, La Casita de Wendy y Divina Providencia que dibujen un uniforme acorde a los tiempos. Todos los bocetos coinciden en algo: el adiós a la austeridad y la mojigatería y la seriedad de los colores. Hay incluso concesiones a las nuevas tecnologías: memory stick, teléfonos integrados o GPS.
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